El término Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) hace referencia a un conjunto amplio de condiciones que afectan al neurodesarrollo y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en la comunicación e interacción social, así como en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta.

El Trastorno del Espectro del Autismo

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El Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) tiene un origen neurobiológico.

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Acompaña a la persona a lo largo de toda su vida, aunque sus manifestaciones y necesidades cambian en función de las distintas etapas del desarrollo.

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Se presenta de manera distinta en cada caso. Por eso las necesidades individuales son muy heterogéneas.

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Afecta de manera fundamental a la esencia social del individuo y a su capacidad para responder adaptativamente a las exigencias de la vida cotidiana.

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Impacta no sólo en la persona sino también en su familia, y en la calidad de vida de todos sus miembros.

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Requiere un abordaje integral de las necesidades de la persona, orientado a facilitar apoyos individualizados, especializados y basados en la evidencia científica que promuevan su calidad de vida y el ejercicio efectivo de sus derechos

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Es una “discapacidad invisible” en el sentido de que no lleva asociado ningún rasgo en la apariencia externa específico, y sólo se manifiesta al nivel de comportamientos.

Prevalencia

prevalencia-rgbNo sabemos con seguridad el número de casos que existen en España, ya que no contamos con estudios poblacionales ni censos oficiales.

Lo que sí sabemos es que en los últimos años se ha constatado un aumento considerable de los casos detectados y diagnosticados. Es posible que este incremento se deba a una mayor precisión de los procedimientos e instrumentos de diagnóstico, a la mejora en el conocimiento y la formación de los profesionales, o ciertamente, a un aumento real de la incidencia de este tipo de trastornos.

Por ello, manejamos las cifras de estudios epidemiológicos realizados en Europa, que apuntan a que el autismo es una realidad que afecta a 1 de cada 100 niños y niñas (Autism Europe – aisbl 2015), por lo que se estima que en España hay más de 450.000 personas que sufren este trastorno.

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Preguntas frecuentes

Los TEA son trastornos complejos, que afectan al desarrollo del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, especialmente en los aspectos relacionados con el procesamiento de la información que proviene de los estímulos sociales.

En la actualidad no es posible determinar una causa única que explique la aparición de los TEA, pero sí la fuerte implicación genética en su origen. La gran variabilidad presente en este tipo de trastornos apunta también a la relevancia que puede tener la interacción entre los distintos genes y diferentes factores ambientales en el desarrollo de los TEA, pero por el momento, estos elementos no se encuentran claramente identificados, y aún es necesaria mucha investigación al respecto.

Actualmente no existe ningún marcador biológico reconocido que permita el diagnóstico de los TEA. Éste se realiza en base a diferentes indicadores en el desarrollo de la persona que apuntan a una alteración en el mismo, así como a una evaluación específica de su conducta.

En el proceso de diagnóstico se debe reunir y comparar información diferente, que se obtiene tanto de la persona que va a la evaluación, como de las personas de su entorno más cercano, que normalmente son sus padres y/ o hermanos.

El procedimiento para establecer un diagnóstico se divide en distintas fases.

1. Elaborar la historia clínica:

En ella se recoge información sobre el desarrollo de la persona, contemplando desde el desarrollo prenatal (incidencias durante el embarazo, parto, etc.) hasta momento actual.

Existen protocolos específicos de entrevista para recoger esta información, que están científicamente desarrollados (ADI-R, DISCO) y que hacen “preguntas clave” que permiten diferenciar si la persona presenta o no un trastorno del desarrollo. Sin ninguna duda, se recomienda su uso la evaluación diagnóstica.

2. Aplicar las pruebas que permiten conocer la sintomatología y las necesidades de la persona:

En la valoración completa se deben evaluar los siguientes aspectos del desarrollo:

  • Habilidades intelectuales y de aprendizaje.
  • Lenguaje y comunicación.
  • Habilidades de juego e imaginación.
  • Habilidades sociales y adaptativas.
  • Posibles dificultades de conducta.
  • Necesidades de la familia.

– Si fuera necesario, se debería evaluar específicamente la existencia de otros síntomas que podrían indicar la presencia de trastornos comórbidos (ansiedad, depresión, etc), o realizar una evaluación biomédica complementaria (parámetros de crecimiento, análisis de la piel y otras posibles anomalías físicas, audición, visión, y examen neurológico apropiado para la edad de la persona).

3. Elaborar el informe final

Una vez elaborado: entregárselo al interesado y a su familia, explicando los resultados obtenidos, la conclusión diagnóstica a la se llega, las implicaciones que tiene para la persona, así como las principales orientaciones sobre el plan de apoyos a desarrollar.

Las manifestaciones clínicas de los TEA pueden variar enormemente entre las personas que los presentan, así como sus habilidades intelectuales, desde la discapacidad intelectual a capacidades intelectuales situadas en el rango medio, o superiores al mismo.

Sin embargo, todas las personas con TEA comparten las diferentes características que definen este tipo de trastornos. En general, sus habilidades de interacción con los demás son muy distintas de las habituales. En algunos casos pueden presentar un aislamiento social importante, o no manifestar mucho interés por relacionarse con los demás. Sin embargo, en otras ocasiones pueden intentarlo de una forma extraña, sin saber muy bien cómo hacerlo, y sin tener en cuenta las reacciones de la otra persona.

Por otro lado, suelen presentar alteraciones de las habilidades de comunicación verbal y no verbal, que pueden variar desde las personas que no emplean ningún lenguaje hasta las que tienen habilidades lingüísticas fluidas, pero no saben utilizarlas para mantener una comunicación recíproca funcional. Además, las personas con TEA tienen un repertorio limitado de intereses y de conductas. Pueden presentar los mismos comportamientos de forma repetitiva, y tener problemas para afrontar cambios en sus actividades y en su entorno, aunque sean mínimos. Finalmente, sus capacidades para imaginar y entender las emociones y las intenciones de los demás son limitadas, lo que hace que sea difícil para ellos desenvolverse adecuadamente en el entorno social.

En los últimos años se ha constatado también un aumento considerable de los casos detectados y diagnosticados dentro de los TEA. Es posible que este incremento se deba a una mayor precisión de los procedimientos e instrumentos de diagnóstico, a la mejora en el conocimiento y la formación de los profesionales, o ciertamente, a un aumento real de la incidencia de este tipo de trastornos.

Estudios epidemiológicos recientes realizados en Europa apuntan una prevalencia de 1 caso de TEA por cada 150 niños en edades escolares. En ellos se confirma también que se presentan de manera más frecuente en los hombres que en las mujeres, (en una proporción de 4:1), y que no existen diferencias en cuanto a su aparición en las distintas culturas o clases sociales.

Por el momento, no existe ninguna cura para los TEA. Sin embargo, existen factores que van a influir de manera importante en el desarrollo de la persona que los presenta y en su calidad de vida. Es fundamental que el diagnóstico se realice de manera precoz y que el niño o la niña reciban una apropiada intervención temprana. Además, es fundamental que los recursos educativos y comunitarios sean los adecuados a sus necesidades individuales, y que dispongan de una red de apoyo que facilite su participación social.

Es necesario destacar que la persona con TEA sigue desarrollándose y aprendiendo a lo largo de toda su vida. Los rasgos que caracterizan los TEA no desaparecen cuando la persona llega a la vida adulta, aunque sus necesidades sí van cambiando con la edad y el paso del tiempo.

Así, la calidad de vida de la persona y la de su familia van a estar influidas por las posibilidades de acceder cuanto antes a las intervenciones y apoyos adecuados, que se adapten a sus necesidades individuales, y que maximicen sus oportunidades de aprendizaje, de inclusión social y de desarrollo personal, manteniendo todos estos elementos a lo largo de la vida de forma continua y permanente.